viernes, 18 de febrero de 2011

La Belleza "Torcida" de André Kertész

Por Albert Lladó

André Kertész
Hungría ha sido la cuna de algunos de los mejores fotógrafos del siglo XX. Sólo hace falta citar a figuras como László Moholy-Nagy, Brassaï o Robert Capa, para comprender la potencia creativa, desarrollada sobre todo en el período de entreguerras, de estos artistas que transformaron el imaginario colectivo de toda una época gracias a sus instantáneas.
Desde ahora, y durante tres meses, se pueden observar, en la Fundación Carlos de Amberes de Madrid, 100 fotografías de André Kertész (Budapest, 1894 – Nueva York, 1985), del que Henri Cartier-Bresson llegó a decir que "inventemos lo que inventemos, Kertész siempre fue el primero".
Una capacidad para abrir caminos, antes inexplorados, que se puede comprobar en esta muestra, organizada a través de un recorrido cronológico por los tres escenarios más importantes de su vida: Hungría, Francia y Estados Unidos.
André Kertész no sólo influyó a sus contemporáneos formalmente – el primer Brassaï lo toma como referencia – sino que fue él mismo quien llevó a Capa a París.
Es en 1925 cuando Kertész se establece en la capital francesa como fotógrafo profesional, aunque en Hungría había aprendido la técnica de forma autodidacta, siendo soldado en la primera Guerra Mundial, e interesándose ya por la cotidianidad, en obras como 'Nadador bajo el agua'.
En París colabora con artistas tan célebres como Man Ray, integrándose en la bohemia del momento. Su talento para descubrir nuevas perspectivas le lleva, en 1933, a realizar una de sus series más innovadoras sobre el cuerpo femenino, 'Distortion', que consigue gracias a la ayuda de dos espejos deformantes de circo. Es en este momento en el que se siente fascinado por la "extrañeza de la realidad", torciendo los cuerpos, jugando a desencajar las armonías, y buscando pliegues que investigan las posibilidades estéticas de la desigualdad.
La prensa comienza a interesarse por su trabajo y recibe encargos de revistas europeas como 'Sunday Times', 'Berliner Illustrierte Zeitung' y 'Uhu', entre muchas otras.
Pero la II Guerra Mundial se acerca y, en 1936, la agencia Keystone le invita a Nueva York, donde acaba instalándose junto a su esposa Erzsébet Sali, también fotógrafa. Aunque los inicios son duros, poco a poco su nombre va siendo reconocido y desarrolla una larga carrera profesional en Estados Unidos.
Ya en 1977, muere su mujer, y cae en una gran depresión que, en vez de frenar su trabajo, aprovecha para inventar la serie 'From my window', imágenes que giran alrededor de los objetos que compartieron ambos. Un intento, como toda su fotografía, de frenar el tiempo y esquivar la realidad más evidente, menos atractiva. Figuras que no reproducen, sino que construyen.

Fuente: www.lavanguardia.es



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