martes, 17 de agosto de 2010

El Impresionismo

Monet: "Madame Monet y su Hijo"
Una de las consecuencias de la utilización del color que llevaron a cabo los artistas impresionistas es la nula relevancia del dibujo. Éste servía en la pintura tradicional sobre todo para definir la forma y configurar el volumen del objeto, aspectos que no interesan a estos pintores, ya que se centran en la captación de lo cambiante, lo fugaz, a base de la luz, que hace que la forma sea en ocasiones confusa, imprecisa.

Junto al color la otra esencia del movimiento es la pincelada suelta, rápida, casi descuidada, a base de toques más o menos densos y largos, ya que la mancha pastosa y gruesa, traduce mejor las vibraciones de la atmósfera, que al fin y al cabo es el principal asunto que les interesa. La pincelada es como la firma del artista, ya que cada uno tiene la suya peculiar, es una especie de caligrafía que lo define.
Otra de las señales de identidad del movimiento es la luz. Así siguiendo las teorías de Constable, afirman que los objetos solo se ven en la medida que la luz incide sobre ellos. Por tanto estudian el color como una modalidad de la luz (son las teorías físicas de Newton), y la pintura como un entretejido de tonalidades luminosas. Precisamente las apariencias sucesivas preocupan a estos artistas, con lo que un mismo tema se repite varias veces sin más cambios que los matices de iluminación, de intensidad solar o espesor de la neblina, concibiendo los cuadros como estudios acerca de los efectos de luz. En este sentido se explican las series que sobre el mismo motivo realizan los artistas a diferentes horas del día y en distintas épocas del año, siguiendo las variaciones de la luz, como por ejemplo se observa en la serie de la catedral de Rouen de Monet.
Renoir: "El Moulin de la Galette"
Los pintores impresionistas se dejaron contagiar por el positivismo filosófico de su época, basado en que ante todo debe primar la experiencia. Debido a ello se deciden a aplicar nuevos métodos y técnicas que rompen con lo académico. Se ven influidos también por los avances de las ciencias físicas, referidas sobre todo a los estudios sobre la naturaleza de la luz. La plasmación del nuevo “realismo visual” les exigía una manera diferente de contemplar la naturaleza, buscando captar lo fugitivo, lo huidizo, lo fluido, los elementos evanescentes, sugeridores del paso del tiempo.
En el año 1867 en la Exposición Universal de París, confluyeron dos de las grandes influencias del Impresionismo, la fotografía y la estampa japonesa. La fotografía fue una revelación fundamental por la detención del movimiento, la súbita fijación en el tiempo y en el espacio de un momento pasajero, fugaz, irrepetible. La estampa japonesa (xilografías) va a dejar una huella notable en el movimiento, ya que los artistas impresionistas toman de ella los encuadres asimétricos, descentralizados, el elevado punto de vista, los colores lisos, planos, sin sombras ni modelado, la claridad de la luz, el gesto detenido a medio camino (que también entronca con la fotografía), el poco interés por captar la perspectiva y la maestría en captar los cambios y los fugitivos efectos de la atmósfera, el viento y la lluvia.
La sensibilidad social de la época fue hostil hacia esa nueva manera de pintar. Los años de rechazo crean sentimientos de amistad entre los artistas y el propósito de luchar juntos por el triunfo de sus ideales estéticos.

Fuente: www.arte.laguia2000.com

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