sábado, 28 de agosto de 2010

"El Beso" de Gustav Klimt

El pintor austríaco Gustav Klimt realizó en Viena en los años 1907 y 1908 esta obra tan controvertida como hermosa: "El Beso".

El protagonista de la obra no es otro que el pan de oro, el cual aporta ese fulgurante brillo, y que, además, contrasta con la oscuridad del fondo.
La pareja se abraza ante un reducido prado repleto de florecillas, siendo difícil interpretar si están arrodillados o de pie. Ese prado finaliza de forma brusca, como si el pintor quisiera situar a los amantes al borde del precipicio. La pareja se enmarca también con una aureola dorada, vistiendo ambas figuras de ese color, adornadas sus vestimentas con rectángulos negros y grises el hombre -interpretados por Schorske como un símbolo fálico- y círculos de colores el de la mujer.

El ceñido vestido nos presenta claramente las formas femeninas, dejando ver piernas, hombros y brazos, sujetándose la joven con los dedos de los pies para evitar el precipicio. Su cabeza presenta una postura oblicua, inclinada hacia atrás y vuelta de lado, mirando hacia la perspectiva del espectador a pesar de sus ojos cerrados.
El hombre también presenta una escorzada postura, sujetando con sus manos la cabeza de la amada, dejando ver sólo la cabeza coronada de flores. Su ancho cuerpo y su actitud de dominio son dos elementos claves en la composición, interpretada por buena parte de los especialistas como una escena protagonizada por el propio Klimt y su buena amiga Emile Flöge.
"Friso Beethoven" 1902

Quizá el elemento más extraño sea el precipicio, símbolo de peligro al que podía dirigirse la relación, por lo que la mujer se aferra con sus pies a la pradera. El gesto de la mujer también ha sido interpretado como rechazo ante la agresión al que la somete el hombre, intentando evitar el dominio masculino sin un resultado positivo. ¿Podríamos considerar, en este caso, una muestra del "fracaso" de la lucha femenina por la emancipación que ya se estaba dando en aquellos momentos?

Sin embargo, a lo largo de la carrera de Klimt se repite esta temática en varias ocasiones: “El Amor”, “La Filosofía”, el Friso Beethoven o el Friso Stoclet, interpretándose como el símbolo de la reconciliación de los sexos, sin personalizar en la figura del artista y Emile.

"Friso Stoclet" 1905/1909

Nos encontramos en la obra que corona la llamada "fase dorada", etapa dominada por el decorativismo en la que las líneas sinuosas se adueñan del conjunto.

Klimt vuelve a recurrir al efecto mosaico bizantino que tanto llamaba su atención tras su viaje a Ravena.
Así pues, la sensación decorativista se repite en esta escena al integrar las plantas en un conjunto totalmente pintoresco. Se aprecia, pues, el uso de oro y elementos ornamentales como los usados en el retrato de Adele Bloch-Bauer, el friso de mosaico del palacio Stoclet en Bruselas o el retrato de Fritza Riedler.
Es uno de los mayores símbolos de la Secesión, a pesar de estar ya roto el grupo.

El recuerdo de Renoir y Monet en estos trabajos resulta significativo aunque Klimt no esté interesado por captar efectos atmosféricos ni lumínicos.
El auge de Japón y la decadencia de su país marcó notablemente las obras de Klimt. Podemos ver en éstas su mayor admiración por la cultura asiática que por la suya propia.
Fuente: www.artisamantes.blogspot.com
 

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