martes, 3 de agosto de 2010

¿Cómo llegó el Guernica a España?

El 10 de septiembre de 1981, el 'Guernica' de Picasso aterrizaba en el aeropuerto de Madrid a bordo de un avión de Iberia. Acababan así 44 años de exilio de la obra, cumpliendo el encargo del pintor de no traerla a España hasta que la democracia se hubiera consolidado en el país. Se cumplen ahora 25 años de aquel vuelo histórico.


Guernica, una ciudad arrasada
Guernica, a 30 kilómetros de Bilbao. 26 de abril de 1937, a las 16:40 horas. La relativa paz de la que disfrutaba la villa vasca, aún en medio del enfrentamiento fratricida que supuso la Guerra Civil española, quedó truncada sin previo aviso y para siempre por el bombardeo de la Luftwaffe, la fuerza aérea alemana, sobre una población indefensa y teóricamente al margen de la contienda que se libraba en los frentes de la batalla.
En el fondo, sólo la sinrazón de Hitler, aliado de Franco en su lucha por derrocar el legítimo gobierno de la II República, y el ambiente prebélico de la II Guerra Mundial, aportan alguna pista sobre las causas de la masacre de 7.000 civiles orquestada en solitario por el genocida alemán.
Las cajas que contenían el Guernica
El Führer necesitaba probar un nuevo aparato de guerra, los aviones 'Junker', orgullo de su maquinaria de destrucción. Por ello, y sin contar con el beneplácito del dictador español, Hitler tomó en solitario la decisión de conceder a Guernica el dudoso honor de convertirse en la primera ciudad en la historia de la humanidad en haber sido destruida desde el aire.
Ni objetivos estratégicos, ni arsenales militares, ni infraestructuras básicas para la campaña militar. En Guernica no había nada que justificase tal acción bélica. Sólo el más absoluto desprecio por la vida humana hizo del enclave republicano un campo de experimentación de la maquinaria de la muerte y un referente para los pacifistas de todos los tiempos.

El 'Guernica' de Picasso

Pablo Ruiz Picasso era por entonces un decidido valedor de la apuesta democrática y republicana. Por eso, el legítimo Gobierno de España le había encargado una obra que sirviera de escaparate ante el mundo de lo que se vivía en el país. La creación sería presentada en la Exposición Mundial de París de 1937.

Tras la matanza de Guernica, el pintor malagueño apenas necesitó un mes para acabar su obra, de colosales dimensiones. En ella refleja el dolor de la población vasca bombardeada, pero también es un alegato visual contra todas las guerras, contra todas las violencias.
Proceso de embalaje y
preparación del viaje.
El impacto que causó el cuadro en París fue descomunal. Noruega, Londres, Sao Paulo, Munich y Estocolmo fueron otros de los lugares donde se pudo reflexionar sobre el dolor en estado puro en base a la creación de Picasso.
Pero no en España. El pintor dejó bien claro que, pese a ser patrimonio del estado español, la obra no debería ser expuesta en su país hasta que las garantías democráticas fueran restauradas. El MOMA (siglas del Museo de Arte Moderno, en castellano) de Nueva York se convirtió entonces en sede permanente del inmenso lienzo.

En un avión de Iberia

Madrid en democracia. 10 de septiembre de 1981, a las 08.27 horas. El imponente Boeing 747 ‘Combi’ de la compañía Iberia, matriculado EC-DLD y bautizado con el nombre de ‘Lope de Vega’, posa las 16 ruedas de su tren de aterrizaje principal sobre la pista del aeropuerto de Madrid Barajas. A bordo, un pasajero ilustre: el ‘Guernica’ de Picasso. Atrás quedaban 44 años de exilio de la obra.

"No sabíamos nada. No teníamos ni idea de qué cuadro venía en ese avión. Teníamos claro que se trataba de una obra importante, por las medidas de seguridad que se estaban adoptando. Pero nadie nos dijo que era el Guernica", confiesa Soledad Santiago, subdirectora comercial de la Dirección de Carga de Iberia, al cumplirse los 25 años de aquel inolvidable aterrizaje.

"Siempre se hace así, aún hoy. Es por las medidas de seguridad. Cuando una obra de arte viaja en nuestros aviones, y son muchas, la discreción es la consigna que nos caracteriza. Ni siquiera el personal de Nueva York sabía lo que estaba embarcando. Sólo los jefes de la compañía conocían el secreto", añade.

Y así fue durante algunas horas, cuando las autoridades españolas confirmaron la llegada de la singular obra, después de haber anunciado fechas antes que su regreso era inminente.

"No nos lo podíamos creer. Cuando nos lo dijeron nos emocionamos mucho. En cierta medida, con nuestro trabajo contribuimos al regreso del ‘Guernica’ a España. Una ayuda pequeña, pero inolvidable para nosotros", declara Soledad, que en aquel entonces era una auxiliar del Departamento de Control de Espacio de Carga en la compañía de bandera.
"Yo fui a verlo al Casón del Buen Retiro en cuanto se expuso al público. Es inexplicable la emoción que sentí por haber estado tan cerca de él sin saberlo y por haber participado en los trámites para traerlo en nuestro ‘jumbo’. No podía decírselo a nadie ni aún entonces, excepto a los más íntimos, pero por dentro pensaba: ‘Yo he colaborado para que hoy puedan verlo en España’. Fue muy emocionante", añade Soledad.
La tripulación de aquel vuelo del ‘Lope de Vega’, en su mayoría, está ya jubilada. El aparato no forma parte ya de la flota de Iberia, que ha apostado por naves de menor consumo y mayor eficiencia. "Pero seguimos transportando obras de artes, algunas muy valiosas y muy conocidas. Y la discreción sigue siendo nuestra consigna por razones de seguridad".

La ‘Maja Desnuda’, de Goya, o la ‘Mujer con Aguamanil’, de Vermeer son sólo algunos de esos ilustres 'pasajeros' a los que no se les ofrece una comida ni una manta durante el vuelo, pero que son tratados con exquisito cuidado por la compañía.
La temperatura, la humedad y las vibraciones son monitorizadas en todo momento. La obra viaja siempre en vertical, en la misma posición y dirección en la que vuela el avión para reducir así el riesgo de que sufra deterioros. Éstos son sólo algunos de los cuidados que reciben las piezas artísticas mientras vuelan a más de 10 kilómetros de altura y cerca de 900 kilómetros por hora.
Así fue como viajaron los seis bultos que componían el cuadro, sus bocetos y dibujos. Sólo el lienzo, sin el embalaje especial ni el marco, que también iba a bordo, pesaba 516 kilos.

Ahora, 25 años después de aquel vuelo histórico, Soledad Santiago aún se emociona al pensar que durante seis horas y siete minutos las entrañas de un avión de su compañía albergaron, no sólo una pintura de excepcional calidad, sino, sobre todo, el sueño de un genio de la pintura que quiso cambiar el mundo con su denuncia hecha arte. «Y yo estuve allí para recibir aquel símbolo», concluye.

Fuente: "Se cumplen 25 años de la llegada de 'Guernica' a España", Diario El Mundo, 10 de septiembre de 2006, Madrid www.elmundo.es

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