jueves, 24 de junio de 2010

Cueva de las Manos: Patrimonio Cultural de la Humanidad

Rodeado en cientos de kilómetros sólo por el constante rumor del viento patagónico, se abre el Cañadón del Río Pinturas.

Allí, entre los pliegues de sus altos paredones, se descubre el arte rupestre de Cuevas de las Manos, donde pobladores de 9.000 años atrás sellaron su arte y su testimonio de vida.
Su fama no es por nada. Esas manos, guanacos y figuras geométricas estampados en la piedra de la cueva constituyen la más antigua expresión, que se tenga conocimiento, de los pueblos sudamericanos. Así lo entendió la Unesco, cuando en 1999 lo nombró Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Su ubicación, solitaria, en medio del noroeste de la estepa santacruceña, le permite conservarse casi intacta. El pueblo mas cercano, Perito Moreno, está a 163 kilómetros de allí. Y mas allá, ya cerca de la cordilera, se encuentra Los Antiguos, que era el lugar de descanso de los ancianos de las desaparecidas tribus indígenas. Toda esta zona y no sólo la Cueva, incluido el Parque Nacional Perito Moreno (que no debe confundirse con el Parque Nacional los Glaciares, que conserva al Glaciar Perito moreno) es un riquísimo sitio arqueológico y paleontológico. Los valles, cañadones, lagos y ríos que la componen cobijan celosamente pinturas rupestres y distintos tipos de yacimientos arqueológicos de hombres que caminaron sus campos 14.000 años antes de Cristo. Y entre las hierbas, los fósiles testimonian el mar que fue esta región mucho antes que ese hombre antiguo la habitara.
De hecho, la localidad de Perito Moreno es llamada la Capital Arqueológica de la Provincia de Santa Cruz.
Las cuevas del río Pinturas guardan obras realizadas por los indios Tehuelches y sus antecesores. Su antigüedad es de 9.300 años, según investigaciones realizadas. Se observan, además de manos intadas en negativo, imágenes de guanacos, dibujos geométricos, agrupamientos de líneas, puntos y figura solar. La mayor congregación se encuentra en la cueva propiamente dicha, de Las Manos, que tiene 24 metros de profundidad, 15 metros de ancho en la entrada y alrededor de 10 metros de altura hasta el comienzo de la visera. A ambos lados de la entrada, existen pequeños espacios a plena luz, aunque parcialmente protegidas por la proyección de las viseras.
Los aleros están formados por salientes que protegen las pinturas del viento y del sol.
Comprende tres niveles culturales, estimándose que abarcan desde el 7370 a.C. al 1000 de nuestra era. Aunque esta apreciación es relativa, puesto que la realización de las pinturas pudo haber tenido lugar en breve lapso, en forma casi sincrónica o muy distanciadas en el tiempo.
El color de las improntas de las manos negativas dependía de la obtención de la materia prima cercana a cada yacimiento, pero en su mayoría son en rojo (hematita), blanco (caliza), negro (manganeso o carbón vegetal), y amarillo (limonita u ocre amarillo).

Fuente: www.patagonia.com.ar

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