jueves, 24 de junio de 2010

Alberto Rex González: El Pasado Ejerce una Atracción Magnética

Por: Liliana Morelli
Fotos: Norberto Melone.

Es el patriarca de la arqueología argentina, a la que contribuyó al fechar y datar en el tiempo culturas enteras. Desidias y hallazgos.



En su sillón de lectura consume el día, leyendo con avidez y escuchando al cubano Bebo Valdés y a los clásicos, en un equipo de música mínimo. Lo rodea una biblioteca atiborrada, su escritorio antiguo y un fichero dividido por regiones geográficas, y aquí y allá, esculturas y cuadros con figuras en relieve sobre papel de arroz, obras de su mujer, Yi Montes.
Alberto Rex González, con sus ojos grises sin tiempo, es un recuperador de historias y pueblos desaparecidos. Médico cirujano, torció el rumbo y se doctoró en Antropología en la Universidad de Columbia. Desentrañó suelos y cavernas, fue Jefe de Arqueología del Museo y la Facultad de Ciencias Naturales de La Plata, director nacional de Antropología en 1984 y del Museo Etnográfico de la UBA.
Sus trabajos de campo permitieron reconocer la antigüedad de las culturas prehispánicas en el noroeste argentino, y como docente en las universidades del Litoral, Córdoba y La Plata incorporó el estudio del arte precolombino y la teoría sobre la evolución cultural del hombre. Académico visitante en Harvard, reseñó su vida en un libro, "Tiestos dispersos" (Emecé), que deja a la intemperie ciertos desatinos de la historia nacional.
Noticias: Cuando mira su vida en perspectiva, ¿advierte un hilo conductor, que une los tiestos con una coherencia?
Rex González: Todos los fragmentos de mi vida están relacionados con la arqueología, que me hizo vivir un mundo de asombro, de incógnitas nunca resueltas del todo. Desde muy chico tuve una atracción casi magnética por el pasado.
Noticias: Los seres, las especies y las civilizaciones están sujetos a un final. ¿Un hallazgo implica, en cierto modo, revivirlos?
Rex González: La arqueología reconstruye historias, un hallazo produce una tremenda emoción. Luego, hay que ubicarlo en un momento temporal. Durante 60 años estudié una cultura del noroeste argentino que bauticé de La Aguada, y debía tener claro cuando empezó, cómo se formó a partir de culturas precedentes, se desarrolló, decayó y desapareció, reemplazada por otra.
Didáctico y campechano, el día anterior dio una charla en el Museo Etnográfico con el antropólogo holandés Tom Zuidema. Muestra reproducciones de dos piezas de la cultura de La Aguada y explica: "Esta deidad solar, el disco de Lafone Quevedo, es la pieza más famosa de la arqueología argentina. Y este disco de bronce hallado en Chile me resultaba difícil de intepretar, supuse que sería un calendario astronómico. Zuidema lo estudió y confirmó que es un calendario solar, semejante al de los incas".
Autor de un centenar de libros y monografías, Rex González lamenta no haber registrado las historias de su abuela paterna, cuando su padrino el general Eustaquio Frías, veterano de la independencia del Alto Perú, jugaba con ella en su estancia bonaerense.
Noticias: ¿Su abuela era la transmisora de la memoria familiar?
Rex González: En cierto modo sí, era la que tenía más raíces en esta tierra. Mi viejo era séptima generación criolla, de origen andaluz, y pudo tener algo de judío o musulmán. Gente humilde, en un pueblecito cerca de Pergamino, el Fortín de Rojas, que fue línea de frontera. Qué no daría hoy por tener esos relatos…
A los 11 años supo ser arriero y cazar aves, y aprendió taxidermia consultando libros ("Embalsamé unos flamencos que eran pura cabeza y apuntando para un solo lado, un desastre. Con los patos era más fácil, tienen un cuero muy grueso"). Absorbió el apego a la tierra de la rama paterna, y las costumbres del abuelo genovés que llegó casi analfabeto. Vivir en Pergamino lo ayudó, era una zona de fósiles ("Se asentaba en sedimentos cuaternarios riquísimos en una fauna de grandes mamíferos extinguidos. Pero la gente se dedicaba al campo, quería progresar, no le importaba el pasado").
Noticias: ¿Leer a Ameghino y a Darwin le marcó la ruta?
Rex González: Me encaminé hacia la paleontología con un mentor científico puramente teórico: admiraba a Ameghino, un evolucionista. Leer sus obras y la teoría de Darwin me impactó. Yo era muy religioso, tendría 10 años y me convencí de que el Génesis era un mito: había una evolución de la tierra y del cosmos, de la biología y el hombre. La verdad revelada fue desplazada por la constatada científicamente. Ameghino sostenía que junto a los fósiles últimos había llegado el hombre a la provincia de Buenos Aires, y me interesó la antigüedad del hombre y sus restos arquelógicos.
Luego vivió en Río Cuarto, y en las barrancas encontró restos de antiguos paraderos indígenas: instrumentos, puntas de flecha, raspadores y adornos de hueso para la vestimenta. Su amigo Carlos Mones lo acompañó en su primera recolección arqueológica, en Villa de Soto, Córdoba. Las aguas de las represas estaban contaminadas y Mones enfermó de tifus. Lo atendió un médico que vivía en Cruz del Eje, Arturo Illia, pero no pudo salvarlo.
Noticias: ¿Siguió tratándose con el doctor Illia?
Rex González: No, circunstancias aleatorias me volvieron a conectar, cuando fui a España invitado al Congreso Internacional de Americanistas. Conseguí una entrevista y le pedí que me autorizara a proponer al país como próxima sede. Y el Congreso se hizo, para mal de mis pecados; era la época de Onganía y en cualquier profesión lo peor son las internas con los colegas…
Noticias: ¿Tuvo que pelear a menudo con esas mezquindades?
Rex González: Eso está descontado, en cualquier actividad cuando levantás un poco la cabeza ves pasar los proyectiles.
Con un diploma de médico y trabajos publicados sobre sus hallazgos arqueológicos, una beca lo llevó a la Universidad de Columbia. Pagó el pasaje a Nueva York ejerciendo su profesión en el barco. A la vuelta, el arqueólogo había devorado definitivamente al médico. "El trabajo de campo tiene cierta similitud con la cirugía, en la minuciosidad y la técnica. El equivalente del bisturí y la pinza de Kocher son el cucharín y la escobilla para ir limpiando."
Al regresar al país, en 1948, se incorporó al Museo de La Plata y debutó con una expedición a la Patagonia, dirigida por uno de los arqueólogos más prestigiosos. "En esta profesión hay que avenirse a vivir en carpa, comer y bañarse mal, y a este señor le gustaba la buena mesa, sobre todo el buen vino (ríe). No había ni siquiera un mal hotel y nos mandaron a los galpones de la Sociedad Rural. Se horrorizó, y eso que le tocó el box del toro campeón. Llegamos a las Cuevas de las Manos y me dijo: ‘González, si sigo así me vuelvo loco, regreso a Comodoro’. Se perdió los mejores hallazgos de la expedición".
Noticias: En esa época los arqueólogos no excavaban…
Rex González: Mandaban a los peones, que limpiaban las urnas y descubrían las piezas. Me di cuenta de que la arqueología se reemplazaba por el estudio de las crónicas y todo lo que se encontraba se atribuía, por ejemplo, a los diaguitas.
Noticias: ¿Cuál fue el trabajo más emocionante?
Rex González: El de la gruta de Intihuasi, en San Luis. Se afirmaba que sus restos eran contemporáneos a los pueblos de la época de la Conquista. Yo encontré una superposición de culturas, todas de cazadores de guanacos y ciervos, recolectores de huevos de avestruz y frutos de algarrobo, de eso vivían. Con el estrato más antiguo se hizo el primer fechador de carbono radioactivo en la Argentina y uno de los primeros en Sudamérica. Resultó que data de 6 mil años antes de Cristo.
Noticias: ¿En qué consiste esta técnica, que permite fechar correctamente la antigüedad de cada cultura?
Rex González: Se basa en los isótopos del carbono 14 y se aplica sobre materia orgánica (una pieza de madera, cuero, un textil, carbón de los fogones o un cuerno de ciervo), que se mandaba a un laboratorio en los Estados Unidos.
Noticias: ¿Qué le impactó más en la expedición organizada por la Unesco para rescatar restos a lo largo del Nilo?
Rex González: En Egipto me tocó excavar un templo meroítico de comienzos de la era cristiana, y todo lo que encontrábamos ya era conocido. Es más importante trabajar en Catamarca, La Rioja: hay zonas vírgenes y resolver los problemas e interpretar impulsa al arqueólogo.
Noticias: En China investigó si hubo contactos entre esa cultura y las de América precolombina...
Rex González: Confirmé que hay aspectos que se repiten y son universales, como poner una pieza de jade en la boca del muerto para que lo acompañe en la otra vida, el llamado "óbolo de Caronte", habitual en China, México, los mayas, y la prehistoria europea. Hubo un contacto entre culturas o la mente humana es igual, aún se discute.
Noticias: Su libro revela la destrucción de riquísimos yacimientos arqueológicos en Tafí del Valle, Tucumán, para cultivar papas.
Rex González: Se destruyeron centenares de sitios. En el campo del Pucará, en Catamarca, fue arrasada una enorme cantidad de restos de la cultura Condorhuasi-alamito, de gran complejidad al comienzo de la era cristiana.
Noticias: También cuenta que la burocracia estatal cajoneó el proyecto para atender a una viejita patagónica, la última persona viva en hablar el dialecto teush.
Rex González: Beltelshum tenía 90 años y podía recordar la guerra entre tehuelches y mapuches. Tendría que haber ido un lingüista y grabar su vocabulario, yo no sé hacer transcripciones fonéticas. La discusión era: ¿a quien pertenecía Beltelshum, al Museo de La Plata o al de Buenos Aires? Ese invierno la viejita murió de neumonía y se llevó el lenguaje a la tumba.
Noticias: Durante la dictadura fue removido del Museo y eliminado tres veces de cargos obtenidos por concurso en la universidad. ¿Su materia era subversiva?
Rex González: Eso dijo un ministro la primera vez. No tuve militancia política, pero enseñaba como teoría fundamental el evolucionismo cultural y el evolucionismo biológico darwinista, y ellos eran tan católicos…
Noticias: ¿Cuántas campañas arqueológicas hizo?
Rex González: Todas las que pude, según los fondos que conseguía. Ésta es una ciencia cara, hay que movilizar y mantener un equipo y varios peones.
En medio siglo de investigaciones nunca tuvo un vehículo oficial a disposición, solía usar el propio. Los presupuestos, dice, eran muy pobres. ("Una vez, en el Museo anoté entre los gastos de alimentación una caja de dulce de membrillo. Me dijeron que no y lo tacharon. ¿Sabe lo que es que un peón analfabeto tenga que hacer un recibo por triplicado, por dos día de trabajo?").
Contó, en cambio, con una compañera insustituible: su mujer Yi. La conoció a través de su padre, el ingeniero Aníbal Montes, que trabajó en el Archivo Histórico de Córdoba y con quien salía a hacer trabajos de campo. "Gigí era su hija menor, graduada en Arte. Una compañera extraordinaria: en Sudán vivimos tres meses en ranchos de barro y bañándonos en unos tachos. En Salta pernoctamos en cavernas, con vampiros y murciélagos. Yi hizo miles de dibujos para mis trabajos".
Noticias: Cuando ella murió usted malvendió su casa y liquidó su biblioteca con más de 6.000 volúmenes, ¿pensó en el suicidio?
Rex González: Todos los suicidas tienen una depresión muy grande. Pero por pudor personal, no quiero hablar de eso.
Noticias: Tiene dos hijas antropólogas, dos sucesoras calificadas…
Rex González: María Soledad, antropóloga social, trabaja en el prestigioso Colegio de México. Y Ana Isabel acá, en la Secretaría de Derechos Humanos, sobre todo con indígenas. Son muy activas, Yi era muy feminista y salieron igual.
Noticias: ¿Y eso es bueno o es malo?
Rex González: Y, depende… un tipo que tiene que soportar tres feministas en la casa trabaja en minoría (sonríe). Por suerte ninguna salió arqueóloga: hubiera cargado con mi herencia.
Noticias: En el balance final, ¿las ingratitudes fueron compensadas por las gratificaciones?
Rex González: No gratificaciones económicas, he vivido muy modestamente. Si hubiese ejercido como médico o me hubiese dedicado a criar vacas… Pero yo hacía lo que me gustaba. Mi vida estuvo plena de sentidos, y si tuviera que empezar, volvería a ser arqueólogo.

[Publicado en "Revista Noticias" Año XXII, N° 1529, Buenos Aires, 14 de abril de 2006.]

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